El vino rancio es un vino tradicional de Cataluña,
Aragón y el Levante español que envejece mediante
oxidación controlada, proceso que le otorga su color
pardo oscuro característico, aromas tostados y potentes, y un sabor
con matices dulces y complejos.
Puede ser blanco, elaborado con uvas
garnacha blanca o macabeo,
o tinto, a partir de garnacha negra.
Existen versiones dulces y secas, ambas con
reconocido valor gastronómico.
Su elaboración sigue dos métodos tradicionales: la exposición del
vino en damajuanas o grandes recipientes de vidrio bajo el sol y el
sereno —técnica conocida en Cataluña como
«a sol i serena»— o el envejecimiento en botas a medio
llenar, que favorece el contacto con el oxígeno.
El vino rancio es especialmente apreciado para acompañar los
dulces del Día de Todos los Santos, aunque su
versatilidad lo convierte en un vino de referencia tanto en copa
como en cocina.

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